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9 de agosto. Comparten tradiciones en verbena por los derechos de los pueblos indígenas

Canto, baile, artesanías y colorido en la Plaza de Armas

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Rarámuris y mazahuas compartieron su lengua, sus danzas y tradiciones durante la Verbena por los Derechos de los Pueblos Indígenas, desarrollada esta tarde en la Plaza de Armas, de la capital del estado.

Decenas de chihuahuenses se concentraron en el primer cuadro de la ciudad para disfrutar de las polkas mazahuas, los bailables rarámuris y las danzas de matachines de la Alta y la Baja Tarahumara, al igual que pudieron adquirir artesanías en el corredor comercial.

Habitantes de la ciudad y turistas extranjeros se integraron al ballet de las polkas en pleno escenario principal y convivieron con las etnias, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas.

En la tradición rarámuri, el monarca es quien marca la pauta para iniciar o culminar cada una de las tres piezas bailadas por los hombres y las tres piezas bailadas por las mujeres, en la que está estructurada la danza de matachines, explicó, Ana Cely Palma Loya, asesora de la Comisión Estatal para los Pueblos Indígenas (Coepi).

Un brinco hacia adelante y otro hacia atrás, es el paso básico para los rarámuris, mientras que con los rarómaris (originarios de la Baja Tarahumara) tiene una variante que es cruzado y más rítmico, acotó.

Las vueltas para intercambiar lugares dentro de estos bailes, representan el ciclo de la vida que inicias, terminas y cierras, y en cuyo trayecto a veces estarás de un lado y otras más en el contrario, destacó Palma Loya.

Parte distintiva de la indumentaria de los matachines, son los cascabeles que realmente son capullos de mariposas y se llaman “chayewuaris”, ya que su función es ser un arrullo para la tierra, como agradecimiento porque a ella se pertenece y a ella se le danza, explicó.

“Nuestros colores tradicionales son los primarios, el blanco, el negro y el rojo que es vida, aunque desde hace un siglo, se incorporaron los colores fuertes, como un expresión de nuestros sentimientos, para que hablen por nosotros, porque si estamos tristes nunca lo decimos”, comentó.

Como parte del programa, Serafina Bustillos Ruíz, rarámuri nacida en Nonoava, entonó un “nawihíwame” o canto, titulado “Mírame que soy Tarahumara”, acompañada por dos músicos, y que es parte del acervo musical de esta cultura.

“Es una práctica que nosotros hacemos en nuestra casa para los niños que se hereda por generaciones y de los que mi abuelo, Erasmo Palma, escribió algunos. Es una manera de platicar las experiencias del día entre la familia”, dijo Ana Cely Palma Loya.

Originarios del Estado de México y parte de Michoacán, los mazahuas también participaron en la verbena, ya que tienen más de 45 años de haber llegado a Chihuahua. Si bien no tienen asentamientos, su mayor concentración está en la capital y en Ciudad Juárez, refirió Marisa Velázquez, representante de este pueblo.

Indicó que al ser la etnia nativa de aquella zona, en una mezcla de toltecas y chichimecas, se distinguen por lo colorido de su vestimenta que emula a la naturaleza de sus paisajes y su espíritu emprendedor, al obtener sus ingresos por medio de la venta principalmente de sus artesanías.

Bailan polkas en agradecimiento a la abundancia, además de su danza de los macheteros. También se llaman santiagueros en honor a Santiago Apóstol, quienes portan una capa negra igual que él, machetes y una enagua, detalló.

“Migramos porque ya no había recursos para alimentarnos o vivir, y nuestros ancestros caminaron por las carreteras dejando asentamientos en la ruta, hasta llegar a Chihuahua y hemos progresado gracias a que somos un pueblo muy solidario, nos apoyamos mucho unos y otros”, manifestó Marisela.

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